Casa de Reposo
Madre Josefina Vannini
"Asistimos al anciano con corazón de Madre".
"Según tengo entendido", dice Sor Nery con una sonrisa que no quiere mostrarse, por humildad, demasiado orgullosa, "esta Casa de reposo tiene la fama de poner siempre mejor a quien cobija". Sor Nery pertenece a la congregación religiosa Hijas de San Camilo. Ella, junto con 12 hermanas seguidoras del santo, atienden en la actualidad a 48 ancianos en la Casa de Reposo Madre Josefina Vannini en un moderno y apacible edificio de cuatro pisos anexo a la Clínica Padre Luis Tezza en Santiago de Surco. El silencio y la tranquilidad apenas se ingresa a la Casa contrasta con el trajín de las calles habituales de Lima: parece que el tiempo simplemente se hubiese detenido entre sus muros.

La Casa de Reposo -cuya directora es Sor Lidia Rivero- se inauguró en 1996, e inició su labor con apenas cinco pacientes. La necesidad de contar con un espacio para el cuidado y la asistencia de personas de la tercera edad llevó a Sor Serafina Dalla Porta a concretar el proyecto, siempre bajo la mística y los ideales de San Camilo, patrón de los enfermos.

"Nosotras vemos en el anciano a un Cristo", comenta Sor Nery, administradora del local, "aquí se lo atiende como una madre atiende a su mismo hijo enfermo". Más allá de los cuidados terapéuticos y médicos absolutamente necesarios para el bienestar de los pacientes, las hermanas comprenden bien cuál es su labor principal con un ser humano que ingresa a los años otoñales de su vida: ser dadoras de afecto. A veces lamentablemente vistos como un factor de caos dentro de las familias, el anciano, en el fondo, no busca sino cariño y amor. Es por eso que no sería del todo errado pensar que la energía espiritual y paciencia de las hermanas es lo que exista detrás de muchas recuperaciones sorprendentes dentro de la Casa: semblantes más sonrientes, estados de coma revertidos y el caso de una persona que luego de dos infartos cerebrales puede compartir ahora el comedor con sus compañeros. Pero la tarea no es fácil. Varios de ellos sufren de Alzheimer, la enfermedad que ataca el juicio y la memoria.

No existen requisitos para ingresar a la Casa. A las personas de distinta nacionalidad -palestinas, suizas, canadienses y alemanas- que se encuentran, se suman también pacientes de distintos credos. Las edades fluctúan entre los 65 y 101 años de edad. Un día normal en la Casa de Reposo se inicia con el desayuno, la comunión y el aseo alrededor de las 7 de la mañana. Luego se empieza el Programa de Terapia, tanto física como ocupacional. Aquí los pacientes más recuperados pueden dedicarse a distintas actividades como la pintura, el tejido o las manualidades. Por otro lado, las hermanas entienden que la socialización es una parte importante de la dinámica entre sus miembros y, desde hace un tiempo, la celebración de los cumpleaños o de fechas importantes del calendario son siempre acontecimientos de unión dentro de la Casa.

Hace ya varios siglos atrás que San Camilo, hombre disipado antes de la santidad, descubrió su misión de entrega hacia los enfermos. Hoy, las hermanas de la Congregación no hacen sino continuar esa labor acompañadas de la ciencia médica. Y muchas de ellas, las más jóvenes hallan en los ojos de los ancianos el verdadero secreto de su vocación.


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  Congregación Hijas de San Camilo
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